Hablando de gramática en el 2007
Hay temas que siguen desatando pasiones, y la gramática es uno de ellos. Hace ya varias décadas que Dell Hymes introdujo el concepto de “competencia comunicativa”, luego reformulado por multitud de teóricos, entre ellos Canale y Swain, para quienes esta competencia está formada por cuatro subcompetencias: la socio-lingüística, la discursiva, la estratégica y la gramatical (lingüística). Es decir, desde la acuñación del término, la competencia gramatical se ha considerado una parte de la competencia comunicativa.
Y sin embargo, hoy mismo me he visto de nuevo en la necesidad de rebatir la afirmación, muy arraigada entre algunos profesionales de la didáctica de ELE, de que “el enfoque comunicativo no funciona porque no incluye la gramática”. En mi opinión, este mito se puede explicar como un lastre de los primeros años del enfoque comunicativo, y, si bien pudo ser justificable entonces hasta cierto punto, resulta hoy en día simplemente anacrónico. El método comunicativo surge como reacción lógica a los abusos gramaticales del método gramática-traducción. Como muchos movimientos e ideas en su juventud, viene motivado por la necesidad de rebelarse contra los modelos anteriores. En términos psicoanalíticos, el enfoque comunicativo tiene que matar al padre. En aquellos momentos, la enseñanza de la gramática queda prácticamente desterrada de la didáctica de lenguas extranjeras, una decisión que se ve favorecida además por las teorías del método natural de Krashen, según las cuales la adquisición de una lengua extranjera tiene lugar de forma inconsciente y no mediante la atención a los aspectos gramaticales.
Hoy, más de 30 años después, nos encontramos en una fase de madurez del enfoque comunicativo, en lo que conocemos como “enfoque orientado a la acción“, y la investigación en adquisición de lenguas extranjeras y la psicolingüística – entre otras disciplinas – nos han hecho ver la relatividad de las tesis de Krashen. En las ciencias se avanza demostrando la falsedad de las hipótesis consideradas ciertas hasta el momento en que se evalúan, y hoy sabemos de la importancia de atender al componente formal, así como de la posibilidad de que ciertos errores que no se trabajan lleguen a fosilizarse en la interlengua del hablante. Long ya no es un nombre nuevo para nadie y los principios de su “focus on form” o “atención a lo formal” están perfectamente integrados en una didáctica comunicativa de lenguas extranjeras.
La pregunta por lo tanto no debería ser ya ¿gramática o comunicación? La cuestión tampoco debe ser cuánto tiempo se le dedica a la gramática, si un manual incluye más o menos trabajo formal. El tiempo que se le dedique al trabajo sobre aspectos formales dependerá de las necesidades del grupo concreto, y cada profesor deberá decidir según las necesidades de su propio contexto.
La pregunta es simplemente esta: ¿es necesario prescindir del signficado cuando se aborda la gramática? Y la respuesta: No. No es necesario dejar de lado la significatividad para tratar la gramática, no es necesario hacer un paréntesis artificial en una didáctica comunicativa, dejar de lado la intención de uso, el contexto y el aprendizaje estratégico que se fomenta en las tareas comunicativas. El enfoque orientado a la acción se posiciona a favor de una aproximación a la gramática desde el significado, en la que se trabaja con el sentido y la adecuación pragmática, no solo con criterios morfosintácticos.
En palabras de Ernesto Martín Peris en su recomendable artículo Gramática y aprendizaje de lenguas extranjeras: “Podemos afirmar que en el campo de la enseñanza y el aprendizaje de segundas lenguas, el término gramática se ha usado para aludir al tratamiento didáctico de cuestiones de morfología y de sintaxis, por oposición al tratamiento del vocabulario y de la pronunciación, y contraponiendo el tratamiento de todos estos aspectos al tratamiento didáctico del uso de la lengua, efectuado en actividades de conversación y de las distintas destrezas.
Actualmente se tiende a superar ambas oposiciones y a integrar las reglas del sistema y las de uso (Hymes: Existen reglas de uso sin las cuales las reglas de gramática no son de utilidad), así como a integrar el tratamiento de los fenómenos de los diversos niveles de la lengua (fonético-fonológicos, morfosintácticos y léxico-semánticos) en su descripción y en su tratamiento didáctico”.
Y para ilustrar esto, tomo prestada una pregunta que se hace mi compañero Agustín Garmendia, y que se basa en una intuición compartida por todos: ¿cuándo te parece que un hablante ha aprendido a utilizar “cuando + subjuntivo” en expresión de futuro?, ¿cuando ha solucionado 50 ejercicios correctamente o cuando se corrige espontáneamente en una conversación?
Es decir, no se trata tanto de que el aprendiente sepa algo, sino de que sepa hacer con ese algo. Para conseguir que el conocimiento declarativo se transforme en conocimiento procedimental, tendremos que propiciar una práctica adecuada del mismo. Y terminando con Martín Peris:
“El conocimiento procedimental se desarrolla mediante la práctica; ahora bien, esta práctica ha de cumplir con algunos requisitos, el más importante de los cuales consiste en practicar aquello que se desea aprender; dicho en otras palabras, la mera práctica de formas lingüísticas, desprovista de contextualización y de vinculación a una intencionalidad significativa conduce al dominio de esas formas en esas mismas condiciones, a saber, fuera de contexto y al margen de cualquier intención de transmitir un mensaje; no en otra cosa consiste la experiencia tantas veces repetida de profesores que comprueban cómo algunos de sus alumnos son capaces de realizar correctamente baterías de ejercicios gramaticales, pero luego no pueden utilizar esas mismas formas correctamente en su comunicación espontánea. Se trata de alumnos que han adquirido un conocimiento declarativo (saben cosas sobre la lengua), que no han desarrollado como procedimental (no saben hacer cosas con ella). La solución didáctica pasa por realizar prácticas comunicativas, en las cuales los alumnos tengan ocasión de utilizar las formas gramaticales que conocen”.
8 comentarios hasta ahora
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Muy buen artículo!
Sólo una mínima objección a la pregunta retórica de Agustín Garmendia:
No creo que haber realizado muchos ejercicios de tipo estructuralista sea obstáculo para dominar una construcción determinada y llegar a usarla espontáneamente en la comunicación real o, en su caso, autocorregirse. Más bien al contrario… Tampoco a un pianista le viene mal practicar las escalas antes de ejecutar una pieza que entrañe cierta dificultad técnica, ¿no?
En el fondo, es cuestión de sentido común!
Saludos.
¿Prefieres “atención a lo formal” que “atención a la forma”?
Hay muchos profesores a los que les cuesta hacer un esfuerzo intelectual de actualización. No sé porqué, pero es así. Muchos.
Por lo demás, a mí nunca me gustó Krashen, así que no estoy de vuelta de nada. El aprendizaje por tareas sí me enganchó, y ahí sí me parece que he cambiado un poco, a partir de tres palabras: “forma”, “significación” y “estrategias”.
Muy buen resumen. Sólo echo en falta citar a Jenaro Ortega a la hora de hablar a Long y no tener pudor en citar la “Gramática Básica del Estudiante de Español”. Con este libro se predica y se da trigo.
Gracias a ambos por enviar los comentarios, y a Leonor por la corrección tan discreta de la falta…todo un detalle.
Leonor, no creo que sea obstáculo hacer ejercicios estructurales, pero no pienso que sean el camino principal a seguir. Y desgraciadamente las clases de gramática, y las secciones de gramática de muchos materiales, siguen dando una importancia desproporcionada a una práctica basada en la repetición mecánica.
Entiéndeme, no me opongo a los ejercicios de práctica controlada con respuesta cerrada, pero creo que es posible también plantear ejercicios así para cuya resolución sea necesario interpretar, entender el significado, reflexionar sobre el propio error, etc., propiciar por tanto la reflexión y la creación de lengua, más que la repetición vacía. Por obvios motivos (trabajo en una editorial de ELE) sí soy pudorosa a la hora de citar materiales, pero creo que el que ha citado Emilio es un buen ejemplo de cómo es posible plantear ejercicios de este tipo sin olvidarse del significado.
En cuanto al esfuerzo de actualización, en la acalorada discusión que ha motivado este artículo, uno de los argumentos que escuché es que “es mucho más fácil trabajar con este tipo de actividades”. Sin duda. pero este argumento no me resulta válido para lo que estamos discutiendo.
“Atención a lo formal” es la traducción que hacen Agustín Yagüe, Gonzalo Abio y Javier Sánchez en “La adquisición de segundas lenguas en un contexto de enseñanza”, de Rod Ellis. Recuerdo que cuando leí la versión castellana de esta publicación quedé gratamente sorprendida con la calidad de la traducción, lo que te aseguro que no me pasa a menudo. Por eso adopté el término sin pensármelo dos veces, pero realmente no soy dogmática en ese sentido. Lo mismo puedo utilizar uno que otro.
Estimada Emilia:
La felicito por la calidad de lo que ha escrito en su blog. El comentrio de gramática está fantástico, el de Second life también…
Continúe así, por favor.
Aprovecho para comentar algo sobre lo de “atención a la forma” y a “lo formal”, colocado por EQ. Tengo que reconocer que esos fueron algunos de los muchos problemas que tuvimos a la hora de traducir algunos términos y aunque hay varias posibilidades, al final quedaron tal como transcribo aquí (tomado de la página 49 del librito), pues además de todo eso, teníamos que respetar también el original:
ATENCIÓN A LO FORMAL (focus-on-form). Los procesos cognitivos por los que los aprendientes atienden a la forma de manera incidental cuando comprenden o producen mensajes comunicativos. Long (1991) utiliza este término para referirse a la enseñanza que atrae la atención de los aprendientes hacia lo formal mientras su foco de atención se concentra en el contenido del mensaje.
ATENCIÓN A LAS FORMAS (focus-on-forms). Long (1991) utiliza ese término para aludir a la enseñanza dirigida a la enseñanza de aspectos lingüísticos pre-seleccionados en actividades donde el foco primario de atención de los estudiantes se concentra más en las formas que en el significado.
Como se puede ver, este último es el que se refiere a la enseñanza tradicional de unidades discretas de gramática.
Es sólo eso. Bueno, me alegro que le haya parecido buena la traducción. Menudo trabajo dio
Estimado Gonzalo:
¡Qué sorpresa! Muchas gracias por pasarse por aquí, por sus amables comentarios y por sus explicaciones. Realmente parece que entre todos estamos dándole un buen repaso al estado de la cuestión gramatical. Quizá solo quede añadir el enlace a la teoría de Long en la red: http://www.mhhe.com/socscience/foreignlang/top.htm
Y ya que tengo la oportunidad, aprovecho para desearle mucha suerte con su -también- recién estrenado blog.
Un saludo muy cordial,
Emilia
Hola. EN primer lugar felicitarte por este magnífico blog, por su calidad e interés. Tengo 30 años y llevo 6 siendo profesor ELE en Los Urales, Rusia. Ahora estoy terminando el máster de la Nebrija donde se ha abierto la caja de Pandora (el enfoque).
Desde mi punto de vista, y centrándonos en la gramática, y desde el desconocimiento que da ser solo un aprendiz en el enfoque, creo que el problema de la gramática en el enfoque es su falta de estructura. Es decir, el alumno (o estudiante) “no sabe dónde está”, y eso para un ruso es algo así como destrozar la enseñanza. Estoy de acuerdo con el enfoque en muchas cosas, pero no en otras. Si alguien me enseña un manual con tareas en el que, con un simple vistazo, uno sepa dónde está y para qué, el enfoque habrá ganado mucho. Independientemente de que no vale para todos los alumnos, rusos especialmente.
Saludos y enhorabuena por el blog!
Pd.- Estoy de acuerdo en que ya no existe la desatención a la gramática y que el enfoque comunicativo, por tareas, de acción, saben que la gramática y los ejercicios estructuralistas tienen su cabida. El problema es cuál es la alternativa, no sólo de darle un contexto, un contexto real (yo pienso que lo más real en una clase ELE es que es una clase ELE no la “vida real”) sino de darlo sin que el alumno tenga la sensación de estar aprendiendo lo mismo que en un guía de conversación con transcripción fonética.
En primer lugar, mis disculpas a Borja por haber tardado dos meses en contestar (!). ¿La razón? el último comentario llegó cuando yo estaba de viaje por Europa, y a mi regreso, sinceramente, lo olvidé por completo. Ahora releo este artículo y me encuentro con el plantón. En fin, más vale tarde que nunca, así que ahí va mi respuesta:
Yo creo que las tradiciones educativas tienen un peso importante, y en algunos contextos educativos de Europa del Este hay aún muchos restos -o una clara hegemonía, según el caso- de una metodología muy basada en planteamientos de corte estructuralista, con todo lo que esto conlleva en cuanto a las creencias de alumnos y profesores.
Sin embargo, en mi opinión no se puede afirmar que un enfoque metodológico valga o no valga para un determinado ámbito cultural. Sí es necesario quizá hacer una introducción más profunda y continua a sus planteamientos teóricos, o avanzar más lentamente en determinados casos. Pero si el profesor sabe cómo trabaja y por qué trabaja así, y si es capaz de transmitirlo con seriedad a sus aprendices, claro que puede “valer”. Y aquí hablo desde mi propia experiencia: creo que el trabajo del profesor (en cualquier ámbito) debe empezar justo allí donde están sus alumnos, para ir guiándolos poco a poco. A veces tenemos a nuestros alumnos muy poco tiempo para saber si realmente lo estamos consiguiendo, pero ese sería otro tema…
También me preguntas si existen manuales en los que el alumno sepa “dónde está”. Bien, la verdad es que yo procuro no mencionar materiales en este blog, pero si me preguntas así, tan directamente, pienso que un manual claramente orientado a la acción en el que el alumno sabe “dónde está” (aunque me hubiera gustado preguntarte a qué te refieres con eso exactamente), es Aula. Échale un vistazo, con especial atención a su sección “Explorar y reflexionar”.
Un saludo cordial