Kristeva y el significado
De paseo por Youtube me encuentro con esta entrevista a la lingüista, psicoanalista, filósofa, teórica de la literatura y escritora Julia Kristeva, discípula de Barthes y responsable en parte de la transición de este último del estructuralismo al llamado -no sin controversia- “postestructuralismo”.
En la entrevista, Kristeva se refiere a los límites de la lingüística moderna en sus múltiples manifestaciones teóricas (desde el Generativismo hasta la Teoría de los Actos de Habla de Austin y Searle). Según Kristeva, estas corrientes lingüísticas ortodoxas son herederas de una tradición epistemológica cartesiana y presuponen -sin ser lo suficientemente conscientes de ello- la existencia de una clara división entre el sujeto hablante y el objeto (el lenguaje), así como una “solidity of the speaking consciousness” (me siento incapaz de encontrar una traducción adecuada en este momento). Pero estos presupuestos -afirma- no permiten explicar el carácter dinámico del lenguaje y del significado, concepto fluido, cambiante, dinámico.
El postestructuralismo como movimiento es complejo y polémico, y yo personalmente tengo problemas para situarme con respecto a él, pero en mi opinión su aportación principal reside en señalar los límites del estructuralismo de forma sincera, ya que muchos de los representantes del postestructuralismo han llegado a él tras darse de bruces con los límites del primero, con el que se identificaran en sus inicios. A su vez, son indispensables para preparar el terreno a teorías más abiertas que consideran la naturaleza dinámica, subjetiva, esquiva y dispersa del lenguaje.
A mí es que los franceses me aburren un montón, estructuralistas o posestructuralistas. Kristeva tiene un punto interesante, como el segundo Barthes, o Foucault, pero hay que abrirse paso a través de toda una selva de verborrea sokaltiana de aúpa. Ahora bien, curiosamente, no creo que cierto pensamiento líquido entre en contradicción con una división binaria de la realidad. Quizá esa di/visión sea lo que más vivo del estructuralismo.
No sé, yo desde luego no termino nunca de abrirme paso del todo, pero la idea de que el significado sea algo huidizo me parece difícilmente compatible con la división tradicional del estructuralismo.
Lo peor del postestructuralismo es su manía de analizarse hasta el absurdo, pero lo bueno es que en el proceso se lleva por delante lo que a mí me parecen grandes falacias, como la división del mundo en opuestos, sus grandes relatos, la objetividad del observador… A mí, todo esto me atrae, lleve a lo que lleve.