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Actividad o tarea ¿Cuál es la diferencia que explica la diferencia?

Tarea_vs_Actividad

Foto de El Dude en Flickr

Yo no sé si a ustedes les habrá pasado, pero yo, algunas veces en clase, justo antes de empezar a realizar una actividad con mis alumnos, me he preguntado: “y esto, ¿para qué?” Está en el libro, pero, ¿cuál es la relación con lo que acabamos de hacer o con lo que viene? Mmmm. En ocasiones he salido de clase sabiendo que una actividad ha funcionado estupendamente, que mis alumnos se han implicado, que ha habido aprendizaje significativo, mientras que en otras he tenido la sensación de estar pasando el rato hasta que llega el final de la clase. A mí esto me resulta bastante incómodo, la verdad, y me doy una colleja a mí misma por no haber reflexionado más profundamente antes de entrar en el aula.

Y una vez me pregunté por la diferencia entre unas actividades y otras. ¿Cuál es la diferencia que explica la diferencia? Para mí, la respuesta pasa inevitablemente por la distinción entre actividad y tarea. El problema es que hoy cada uno le llama tarea a una cosa, pero yo me quedo con estas definiciones:

Una tarea es “una actividad que requiere que los aprendices utilicen la lengua, con énfasis en el significado, para conseguir un objetivo” (Bygate, Skehan y Swain, 2001). Además, las tareas deben promover la comunicación entre los alumnos, finalizar con la obtención de un resultado y ser realizadas en cooperación (Zanón, 1999).

Ellis, (a quien siempre vuelvo, como el otro al sur en aquel tango…) en su libro Task-based Language Leaning and Teaching, Oxford: OUP, define una tarea como una actividad que reúne las siguientes características:

1. Una tarea es un plan de trabajo. Constituye un plan para la actuación del aprendiz.

2. Una tarea está centrada fundamentalmente en el significado. Las tareas incluyen algún tipo de vacío, sea de información, de opinión o de razonamiento, que los aprendices deben rellenar utilizando la lengua. Pero el plan de trabajo no especifica qué estructuras lingüísticas concretas deben emplear los participantes, sino que permite que sean ellos quienes elijan la lengua que van a utilizar en cada momento. Por lo tanto, las tareas crean simplemente un marco lingüístico y extralingüístico, dentro de cuyos límites el aprendiz puede moverse con libertad.

3. Una tarea implica procesos reales de uso de la lengua. Las actividades pueden ser semejantes a las que hay que realizar en el mundo real (rellenar un formulario) o no (encontrar cinco diferencias entre dos imágenes), pero los procesos comunicativos que se requieren para resolverlas deben reflejar los que tienen lugar en el mundo real.

4. Una tarea puede requerir el uso de cualquiera de las destrezas lingüísticas, así como de varias a la vez.

5. Una tarea pone en marcha procesos cognitivos. Para su resolución, los aprendices activan procesos de selección, clasificación, ordenamiento, razonamiento o evaluación de una información determinada.

6. Una tarea termina con un producto claramente comunicativo, que constituye el objetivo que se va a perseguir al comenzar la tarea.

Sinceramente, no creo que muchas de las actividades que hacemos en clase reúnan estas características. Y eso que el enfoque orientado a la acción “considera a los usuarios y alumnos que aprenden una lengua principalmente como agentes sociales, es decir, como miembros de una sociedad que tiene tareas (no solo relacionadas con la lengua) que llevar a cabo en una serie determinada de circunstancias, en un entorno específico y dentro de un campo de acción concreto”. (MCER, capítulo 2.1).